Fashion Revolution: La sostenibilidad que empezó con un colapso.

Es posible que en los últimos años te hayas encontrado alguna vez, bicheando en las redes sociales, con fotos de personas, mayoritariamente mujeres, que sostienen carteles en los que pone:

Yo hice tu ropa // I made your clothes

También había otro, en los que la gente se hacia fotos con la ropa del revés y pensaste: «otro meme pa la saca»

Pues no, bueno, posiblemente se puedan considerar memes por cómo se usa el lenguaje, pero el mensaje es diferente al que puedas obtener viendo a alguien hacer la plancha sobre el armario de su abuela. Tiene que ver con la moda, la responsabilidad ambiental y la justicia social.

Es el Fashion Revolution

De dónde sale esto del Fashion Revolution

Verás, hace ya muchos lustros que es sabido de las malas prácticas de la industria textil: explotación infantil, contaminación del agua con los tintes de la ropa, estado de semiesclavitud para sus trabajadores, explotación de terrenos y derroche del agua para la obtención de materias primas por encima del cultivo de alimentos…

Pero hasta la llegada de las redes sociales y la globalización de la información eran solo escándalos que tal como se hablaba de ello en la prensa, desaparecían al día siguiente sin dejar rastro  y uno prefería auto-engañarse al respecto, creyendo que eso era un tema solucionado o poniéndose mil excusas para justificar ser parte de ese sistema. Un sistema que mantenemos consumiendo sus productos.

Cuando la verdad nos estalló en la cara

El 24 de abril de 2013 el edificio Rana Plaza en Daca (Bangladesh) se derrumbó con 4000 personas en su interior. El Rana Plaza era una fabrica de ropa cuyos clientes eran las grandes cadenas de moda rápida.

Nos tocaba muy de cerca. No era una guerra entre dos bandos con los que no tenemos mayor empatía que la de considerarlos seres humanos que sufren (que no es poco). Nos sentimos responsables.

Esa gente ha muerto cosiendo una ropa a la que no damos apenas valor. Aún así, los empresarios y responsables dieron más valor a sacar adelante la producción que a proteger la vida de los suyos.

Murieron porque aún sabiendo que el edificio se caía, no les dejaron evacuar. En el edificio había grietas que en cualquier país del primer mundo hubiera significado la evacuación inminente y la puesta en cuarentena del edificio.

Los usuarios empiezan a hacerse preguntas

La gente miraba las etiquetas de su ropa y se daba cuenta de cuánta de ella provenía de Bangladesh. Se empezó a querer saber más. Esta ropa que me compro por cuatro chavos y deshecho en tres meses… ¿De dónde sale? ¿Quién la hace? ¿En qué condiciones? ¿Cuanta gente se queda sin agua potable para que yo tenga mis vaqueros nuevos?

Las redes sociales pudieron dar voz a todas esas cuestiones y poner en contacto a personas con las mismas sensibilidades en una especie de «primavera de la moda sostenible». Sus pioneras: Carry Sommers y Orsola de Castro fundaron el movimiento que se estrenó en el aniversario de la catástrofe de Rana Plaza y que conocemos como Fashion Revolution

 

El poder del usuario

El 24 de abril de 2014 se celebra el primer Fasion Revolution Day, que invita a los consumidores a ser curiosos, a querer saber más acerca del impacto que genera su ropa en el planeta y en la sociedad. Se subían fotos con la ropa del revés, luciendo las etiquetas y apelaban a las marcas a responder a sus preguntas.

¿Quien hace mi ropa?

Cada empresa se tomó el desafío como pudo, o quiso. Desde donaciones para sufragar el rescate y atención médica de los afectados, firmas de acuerdos hasta manifiestos de sostenibilidad.

Se han creado fundaciones, comités de transparencia, embrolladísimas páginas de responsabilidad social corporativa, colecciones «sostenibles» o directamente hacen pasar por verdes prácticas que no lo son (eso que llamamos greenwashing).

Sea como sea se les ha hecho responder y han tenido que hacerlo si querían mantener el estatus de credibilidad y de liderazgo.  En cualquier caso seguimos preguntando, seguimos cuestionando las respuestas que nos dan y seguimos avanzando hacia la sostenibilidad de la moda. Hacia nuevas maneras de relacionarnos con el vestir.

Desde entonces hasta ahora han pasado cinco años y el movimiento ha crecido. El Fashion Revolution Day ha dado paso al Fashion Revolution Week y más de 100 países se han apuntado a la revolución de la moda. Se dan charlas, mesas redondas, se proyectan documentales. Se crean eventos de intercambio de ropa y jornadas de transparencia y puertas abiertas de talleres entre muchas otras actividades.

Mucho en juego

La industria de la moda es la segunda más contaminante del planeta por detrás de la industria cárnica. Desde la entrada del liberalismo salvaje en los años 80 la moda y el textil han pasado de ser un bien a ser un consumible. Es decir, ha pasado de ser un producto pensado para durar a ser un producto desechable, y eso es terrible.

Tenemos los océanos llenos de plástico, pero tenemos media África y Asia nadando en ropa desechada que nadie quiere. Se estima que existe suficiente tejido en el mundo como para no volver a necesitar fibras vírgenes en décadas.

Además, el abaratamiento de los precios de la ropa (baratos para el consumidor porque el «precio» lo están pagando otros) hace que los hábitos de consumo conduzcan al derroche. Si te hacen creer que algo tiene poco valor, lo vas a tratar en consecuencia.

Ya que hablamos de moda: Un «Must»

No puedo acabar este post sin recomendarte MUCHO que veas este documental. (El trailer que te pongo aquí está en inglés sin subtítulos, pero las imágenes son tan elocuentes que no los vas a necesitar para entenderlo.) The True Cost. (el verdadero coste)

Necesitamos buscar nuevas maneras de relacionarnos con el consumo de ropa.

Yo por mi parte lo tengo claro.

¿Y tu?

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